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 Asociaciones de víctimas accidentes viales 

Mar 25, 2018   //   by Editor   //   Novedades  //  No Comments

Una víctima es la persona que sufre un daño o perjuicio que es provocado por una acción u omisión, ya sea por culpa de otra persona o por fuerza mayor. Desde el siglo XVII se emplea para hablar de una persona muerta o herida por fuerza de cataclismo, accidente o violencia. La actual es una época dominada por las víctimas, en la que estas se levantan como nuevos actores sociales (García, 2004). Las primeras víctimas fueron los sobrevivientes de las guerras, pero con el tiempo la definición se fue ampliando, un cambio producido en nuestra época por la exigencia democrática.

El 29 de noviembre de 1985, la Asamblea General de la ONU aprobó por unanimidad en su 96.a sesión plenaria, la Declaración sobre los principios fundamentales de justicia para las víctimas de delitos y del abuso de poder (resolución 40/34). Por otra parte, el Consejo de Europa adoptó en los años 80 una serie de recomendaciones sobre el estatuto de la víctima en el derecho penal y sobre la asistencia a las víctimas y la prevención de la victimización.

En las últimas décadas, los movimientos de víctimas han sido protagonistas de los espacios de la ciudadanía en América Latina. Víctimas de violencias personales, políticas, sociales y étnicas, se han hecho visibles porque intervienen e influencian el espacio político. Esa presencia pública es un señalamiento contra los victimarios y contra la ineficiencia de un Estado que no garantiza los derechos fundamentales a sus ciudadanos (Buitrago, 2013). La misma autora hace referencia a Annette Wieviorka, quien, en su libro L’ère du témoin (1998), explicó cómo las víctimas con sus testimonios ganan un lugar en la escritura de la historia y adquieren existencia social. La víctima se convierte en testigo y protagonista de un hecho. La importancia política que han adquirido los derechos humanos se ha traducido en acciones concretas para la protección de las víctimas, lo cual explica en las sociedades contemporáneas la explosión de relatos de víctimas y de formas asociativas de apoyo. El tema de las víctimas es actual y se transforma al ritmo de la realidad política y social de cada país (Buitrago, 2013).

De allí que existan asociaciones de víctimas o familiares de víctimas de terrorismo, de negligencias médicas, de agresiones sexuales, de discriminación, de violencia de género, de acoso laboral, de delitos violentos, de homicidios, de niños robados, de conflictos armados, de errores judiciales, de detenidos, de desaparecidos, de ejecutados y de accidentes viales. Los mismos afectados o sus familiares o amigos se asocian, pero también se organizan profesionales en función de defender derechos y ofrecer apoyo a las víctimas y/o a sus familiares.

El investigador Zenobi explica que en la movilización de los familiares de las víctimas en pos de su reclamo de justicia, el dolor es el disparador del movimiento. “Porque para ser víctima, antes hay que ser reconocido por otro como tal. Y eso se logra manifestando, llevando las fotos de los muertos, hablando con políticos y explicando la causa, pidiendo que voten lo que haga falta”. Para lograr resultados e instalar su reclamo en la agenda del poder se hace indispensable interactuar con el Estado, no solo porque este puede generar víctimas, sino porque también es el que reconoce a las víctimas como tales. Este autor enfatiza que por ello los familiares de muertos en las calles promueven la idea de violencia vial y buscan que se deje de hablar de “accidentes” para referirse a los “delitos viales”, con la idea de desnaturalizar eso que por comodidad se denomina “accidente” (Zenobi, 2014).


SU VOZ INTERNACIONAL

Existen organizaciones de víctimas y/o familiares de víctimas de accidentes viales desde hace más de 40 años y se señala que surgieron en la década de 1970 en Estados Unidos y Europa, debido al significativo aumento de accidentes de tráfico y al hecho de que las víctimas estaban abandonadas y sin asistencia.

Su creación se debió a que los gobiernos no asumieron políticas ni iniciativas para proteger sus derechos, mejorar su posición en el sistema de justicia penal, garantizar una compensación justa ni proporcionarles la asistencia médica, social, psicológica y jurídica que necesitaban. Así, las organizaciones de víctimas viales surgen para llenar el vacío dejado por fallas de los gobiernos.


SUS OBJETIVOS

Las asociaciones de víctimas y/o familiares de víctimas de accidentes de tránsito fundamentan su razón de ser en el derecho a la vida y abogan por la seguridad vial, entendida como una responsabilidad colectiva ante la que nadie puede inhibirse y frente a la que se debe actuar sin resignarse a la frialdad de la cifras. El papel de la sociedad civil debe enfocarse donde no llegan los gobiernos, siendo un actor fundamental para denunciar la ausencia de políticas, ejercer presión social exigiendo derechos y trabajar por la seguridad vial (Picard, 2010).

Muchas de estas asociaciones se centran fundamentalmente en brindar apoyo después del accidente, promoviendo servicios de emergencia, rehabilitación, atención socioemocional y asesoría legal a las víctimas y sus familias, para lograr atender las consecuencias de los accidentes. Otras se dedican a ejecutar programas y proyectos de educación vial y cultura pública para lograr la reducción de la cantidad de accidentes de tránsito. Al revisar las iniciativas internacionales de organización de las víctimas o sus familiares se pueden categorizar sus objetivos estratégicos en: protección, educación, atención, formación-investigación e incidencia pública.

Este es un extracto del trabajo Asociaciones de Víctimas y Familiares de Víctimas de Accidentes Viales realizado por Sonia Pérez, Charo Méndez y Victor Silva, y publicado en la segunda edición de la revista Aportes viales de la Fundación Seguros Caracas.







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